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Propuesta para construcción conjunta de historia de los Mitos de Cthulhu

Nuevo Primigenio creado para ello

Buenas, usuarios de Rolteca. Soy nuevo. Hace poco empecé a escribir sobre un Primigenio de mi invención, y pense que podría ser interesante mostrároslo para recibir feedback y porque me pareció que podía ser buena idea aportarlo con la intención también de que otros redactores se animasen a contribuir a su creación, si quisiesen. Incluso que a raíz de ella pudiesemos llegar a crear a la larga un hipotético módulo/lore fanmade de los Mitos. Que si se hiciese bien y tuviese cierta repercusión, tal vez podría suponer una muy buena promoción para la comunidad. Os dejo lo que llevo escrito:

 

El Puente entre los Mundos

Primera Luna

Kron-Hid-Az yace encaramado a su áureo brazo, en su negro trono. La audiencia se ha tornado en ajusticiamiento; sus súbditos, ahora, son testigos de su ley.

Del piramidal rombo que es su yelmo negro, los destellos blancos no dejan de ladear sus costados y aristas. Su furia es oída en toda la caudalosa Had, la de los Ríos de Basalto. Una pregunta fuera aireada en la Corte, y a ese mismo aire esparciese a quien la prorrumpiera.

«Ahora marchad, pues. Dejad que mis muchas vertientes sobrelleven el pesar al que me habéis sometido, y no volváis a hablar de este día.»

La oscura niebla se alzó a la apertura de las puertas de palacio, y la congregación lo dejó ordenadamente. Las mil Escalinatas Grises fueron repicando mientras los Guardianes se iban apostando en los templetes a lo largo de ellas y los demás seguían bajando a los Jardines del Azufre. Una vez allí, ni una palabra fue prorrumpida.

Segunda Luna

Los charcos de Amapolas del Vacío amanecieron con su característico fulgor verdoso de claro jade, en completa oscuridad. El suave silbido del viento empezaba a entrar en las estancias por los resquicios de sus muchas aperturas circulares, y el laborioso pueblo de Had salía paulatinamente de sus confinamientos para retomar sus rutinas diarias.

La incesante marcha de pirámides romboides era hipnótica, completando así ordenaciones que seguían filas en movimiento, formando todo tipo de patrones visuales. Kron-Hid-Az lo observaba todo desde su palacio, satisfecho. Los gritos en su morada se escuchaban a lo lejos. Dolor. Devoción. No significaban nada para él.

El brujo de la Tierra esperaba erguido a sus pies, inexpresivo como un autómata. Hasta que le dió una orden, sin prorrumpir sonido alguno.

Tercera Luna

«…le repito que sin una orden no podemos hacer nada.»
«¡Sé que en la casa de ese ricachón se están cometiendo atrocidades por las noches! ¡Las he oído!»
«Oiga Phil, aquí todos le conocemos, y sabemos por lo que está pasando. ¿Por qué no se va al Irlandés Borracho, y se toma algo a mi salud? Avise al propietario para que corra de mi cuenta, de verd…»
«¡No estoy loco! ¡No lo entiende! ¡En este pueblo está pasando algo de lo que ni el mismísimo buen Dios puede protegernos!»
«No me obligue a retenerlo. Le aseguro que me dolería más a mi que a usted a estas alturas. Agente Sánchez, acompañe al sr. Phil a la cantina. Tenga. Por si quiere algo más»

Sánchez acompañó al Loco Phil al asiento del copiloto de su coche patrulla, aparcado justo delante de comisaría cruzando la calle, y se subió al asiento del conductor.

«Debe ir con más cuidado, Phil. Sabemos que es un hombre de bien, y trabajador. Pero no podemos garantizarle que el comisario algún día no decida tramitar su ingreso en un psiquiátrico… ¿Lo entiende, verdad? Nadie en el cuerpo se lo perdonaría»
» ¿Y qué? Tal vez estaría mejor dentro de uno. Al menos allí habría gente que me escucharía»
«No diga eso, hombre. Ya verá como el whisky le calma un poco los ánimos.

Puso el coche en marcha y enfiló la interestatal, de camino al bar de las afueras.

«Phil, he de preguntarle una cosa ¿por qué le profesa tanto odio al hacendado Mc Allister?»
«Es un hombre del demonio, se lo aseguro. La sangre celta de mi madre le hacía sentir los espíritus de la gente, y me la legó a mi. Con ese hombre no siento nada»
«Imaginación tiene, desde luego ¡pero oiga, que su madre nació en Connecticut!»

Empezó a aminorar la marcha, ya llegando al cruce de la calle del bar, y aparcó poco después de doblar la esquina. Mc Allister fumaba en la entrada.

Phil aún no lo había visto.

«Ahora vengo, no tiene mucha pinta de estar abierto. Pero quédese aquí, necesito que alguien vigile el coche»

Sánchez pensó que mejor entrar a por una botella. Y dársela a Phil para dejarlo después en su casa y evitar así problemas, por lo que se acercó a la entrada.

«Agente Sánchez»
«Buenas noches, señor Mc Allister»

Pasaron a la vez.

«¿Qué le trae por aquí a estas horas?¿Poco trabajo en central?»
«No, estaba llevando al Loco Phil a su casa»

«Entre usted y yo, me preocupa últimamente. Ya van dos veces que mis sirvientes lo encuentran merodeando entre los matorrales de mi casa. He llegado hasta a temer por mi propia seguridad»
«No se preocupe, lo tenemos en cuenta. Recuerde que, desde que perdió a su mujer, poco le queda ya.»
«Sí, sí. Ah… pobre hombre. Hagamos una cosa. Dígale a Carl que le dé una botella de su mejor bourbon para que se la entregue. De mi bolsillo.
«Gracias, señor Mc Allister. Cuando vuelva a estar más razonable, le hablaré de su gesto»

Salió, y volvió al coche.

«Carl estaba cerrando, pero me ha podido vender esto. Para usted, bébasela a mi salud en su casa»
«Gracias, Sánchez. Es usted un buen hombre»

Volvió a la intersección que daba a la interestatal, y redireccionó el coche para volver al pueblo.

«¿Aún la recuerda, Phil?»
«Por supuesto que sí. No hay apenas noche en que no me despierte llorando. No se puede imaginar lo que es esto»
«Ya, ya…»

«Un segundo…»

Un destello verde sobresalió por un segundo de entre los árboles de un lateral de la carrerera. Sánchez detuvo el coche.

«¿Qué ha sido eso?»

«Se lo dije… Se lo dije… Mc Allister… Su casa…»

Una figura salió flotando lentamente, suspendida en el aire y en la misma postura que Cristo en la cruz, de entre los árboles.

«¿Qué coj…?»
«¡Rápido, coja esto! ¡De… Debe guardarlo con su vida! ¡No hay tiempo!»
«Pero… Yo…»

Rápidamente Phil se arrancó un medallón que llevaba al pecho, y lo metió en el bolsillo de la camisa de Sánchez. Acto seguido bajó del coche.

Sánchez tenía la mano sobre la funda de la pistola, temblorosa.

«¿¡…Me buscabas!? ¡…Aquí me tienes, hijo de puta!» – grito Phil, con voz temblorosa.

La cara de McAllister se vislumbraba en la figura fantasmal que planeaba delante del coche, iluminada por los faros y totalmente inerte. En un movimiento seco de brazo, mientras seguía flotando, convirtió con oscuras fuerzas al Loco Phil en pequeñas cenizas que se desperdigaron.

Inmediatamente después, el instinto de supervivencia de Sánchez despertó. Abrió rápidamente la puerta y corrió a parapetarse tras el coche.